Entre el Arte y la Sangre hay una conexión que proviene de tiempos ancestrales. Algunas de las primeras pinturas rupestres fueron elaboradas con el pigmento más cercano y natural. Fue la mujer, la encargada de plasmar con nuestra sangre menstrual las historias y rituales de la tribu. En la actualidad, marcada por la desconexión con nuestro ser, siento la necesidad de resignificar y reflexionar en torno a lo femenino a nuestro vientre sagrado, reconciliándome con lo natural.
Para esto utilizo mi sangre menstrual en un ritual de resignificación y sanación que consiste en juntar con una copa menstrual mi sangre, ofrendándola a la Pachamama agradeciendo y devolviendo los nutrientes que de ella he sacado toda mi vida, luego dejo secar la restante. En el momento de ser ocupada ritualizo las herramientas a utilizar con rezos, sahúmos y velas, con esto traigo el pasado al presente reincorporando saberes ancestrales a un contexto actual perpetuándola a través de la imagen y presentando símbolos que evoquen y resignifiquen al ser.
Somos nuestras memorias, sanando nuestro árbol de los silencios del cuerpo de los dolores de nuestros ancestros.